miércoles, 28 de septiembre de 2011

Un verano mediterráneo, by Pablo Suárez

Parte del grupo español junto con estudiantes de Israel, Palestina y Túnez
Todo comenzó de forma un tanto precipitada: el CMN había sido invitado a participar en el “1st Middle East Friendship Camp” (Primer Campo de Amistad de Medio Oriente”), una actividad organizada por la universidad de Tesalónica, en Grecia, y yo tuve la suerte de leer el email en el que se anunciaba la selección de estudiantes. La información acerca del proyecto aún era escasa, pero lo que pude leer me llamó enormemente la atención: un campo de trabajo en la Calcídica, una de las zonas más bellas de Grecia, con estudiantes de todo el Mediterráneo, en el que se realizarían talleres en diferentes áreas durante 10 días, a la vez que se realizaban actividades culturales, excursiones...me decidí a realizar la solicitud, y unos días después me comunicaron que había resultado elegido!
Tras algunas reuniones, algo más de información (la actividad se realizaría en un campamento situado en la costa de Grecia, en maravillosas playas y durmiendo en tiendas de campaña...cada vez pintaba mejor!) y conocer a mis compañeros de viaje, la fecha de partida se nos echaba encima, y el 9 de Agosto partimos hacia Tesalónica, con escala en Londres, los 4 integrantes de la “expedición” del CMN: Ana y Juani, estudiantes de Historia del Arte y Traducción e Interpretación respectivamente, Pablo Muñiz, el responsable del grupo (pero un compañero más a la postre), y yo mismo.

Una vez llegamos al aeropuerto, nos dirigimos al autobús que nos conduciría al campamente, mientras íbamos conociendo a los estudiantes que llegaban desde diferentes países: Palestina, Israel, Túnez, Turquía...
Entre sueños en el autobús y preciosos paisajes que pasaban al otro lado de las ventanillas, llegamos finalmente al camping de Posidi (la localidad toma el nombre de un antiguo templo al dios Poseidón que se encuentra cerca de la misma) y montamos la tienda como buenamente pudimos. Ya era media tarde y nos dirigíamos a la presentación oficial del campo, en el anfiteatro, pero en ese momento el dios de las aguas nos dio su bienvenida particular: el tiempo a partir del siguiente día sería magnífico hasta el final del campamento, pero durante esa tarde comenzó a caer chaparrón que duró toda la noche y hasta obligó a “evacuar” la mayoría de las tiendas de los acampados!

El segundo día del campamento, tras conocernos algo mejor por la mañana, los estudiantes comenzamos los diferentes talleres que habíamos elegido: arqueología, teatro, medio ambiente, ciencias políticas...Pablo y yo participamos en este último, que se dedicó principalmente a una discusión sobre la crisis económica y la situación política mundial, y estaba a cargo de un profesor de la Universidad de Tesalónica. La parte más interesante para mí fue poder hablar con gente de países tan diversos sobre cómo veían ellos la situación actual, a la vez que aprendíamos los principios de la economía global, en charlas siempre amenas, si bien en ocasiones algo prefijadas en sus conclusiones y valoraciones finales.
Ana y Juani montando las tiendas, sin imaginar el chaparrón que se les venía encima
Localización del campamento de Posidi, en la Calcídica griega
Tras las horas de taller, el día a día se completaba con unas divertidas clases introductorias de griego moderno, alguna actividad de “team building” (como por ejemplo ordenar alfabéticamente a 40 personas subidas en 4 estrechos bancos, sin tocar el suelo en ningún momento, o formar pirámides humanas en la playas!) y buenas dosis de tiempo libre, dedicado principalmente a disfrutar de las playas del camping y del buen ambiente que allí se respiraba, compartiendo un paseo hasta el faro o jugando un partido de fútbol entre los acampados. Una sorpresa que me llevé aquí: varios de ellos conocían el nombre de Murcia...¡por el equipo de fútbol, que había jugado en primera hace un par de temporadas! Eran unos auténticos forofos de la liga española.

Pero no había un solo momento para aburrirse: además de las actividades específicas del campo de trabajo, en el camping se podía ir al cine al aire libre, o disfrutar de noches de astronomía, conciertos ¡o incluso clases de tango argentino! En todas estas actividades además tuve la suerte de conocer a varios campistas con los que compartí ratos muy divertidos. En el camping también comíamos, disfrutando de los platos típicos griegos: queso feta (¡nada que ver con el de aquí!), taztziki, pastitsio...

En todo momento, la organización se portó maravillosamente, haciendo gala de la hospitalidad griega, que por propia experiencia puedo decir que es una de las cosas que más te hacen desear volver a esas tierras una vez las has visitado.
Entre otras cosas, no pusieron ningún reparo a que a mediados del campamento cambiase el taller de ciencias políticas por el de arqueología: a pesar del buen rato que suponía el primero, cuando llegamos al campamento nos enteramos de que los participantes en este segundo taller pasarían los tres últimos días participando en la excavación arqueológica de Aigai, la capital del antiguo reino de Macedonia, un sueño hecho realidad para un aficionado a la historia, especialmente la historia de Grecia antigua, como soy yo.
Así que la parte final de esos 10 días la pasé entre madrugones, jornadas de excavación, seminarios de arqueología y largas noches en el pub del pueblo, disfrutando enormemente con la oportunidad que se me había presentado.
Excavación arqueológica de Aigai
El último día me dispuse a volver a Posidi para asistir a la celebración de despedida del campo, a la que llegué algo tarde por causa de un autobús que se me escapó en el último momento. Pero tras una larga caminata desde el pueblo más cercano, por fin pude disfrutar de la última noche con mis amigos, tras la que todos nos levantamos muy temprano para ir al aeropuerto de Tesalónica y partir cada uno a su respectivo destino.
Llegaba el momento de las despedidas y el intercambio de direcciones de correo, o más bien de cuentas de redes sociales, aunque como estaba planeado, yo permanecería en Tesalónica unos días más, con unos amigos griegos que había conocido previamente en otro intercambio juvenil.

En el recuerdo quedan ahora muy buenos ratos y nuevas amistades, conocimiento de nuevos lugares y culturas, y sobre todo el descubrimiento de la gran mayoría que son las similitudes entre las gentes de todas las orillas del Mediterráneo, frente a las pocas diferencias que a veces nos separan mucho más de lo que deberían.

Pablo Suárez Cortés

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