miércoles, 28 de septiembre de 2011

'1st Middle East Friendship Camp', August 2011, Greece, by Juani Bernal

¿Qué imágenes se pasan por nuestra mente cuando oímos hablar de países de Oriente Medio como Palestina, Israel, Turquía o Túnez?
Juani con Aladin, Andrew y Malik en la playa
Cualquiera diría lo mismo que yo veía antes de asistir al “1st Middle East Frienship Camp”. Antes de conocer un poquito más de su historia y de su forma de ver la vida, creía que no había más que guerra y fanatismo religioso en estas personas.
Hoy día puedo decir que no es así. Hay algo más allá de los prejuicios que la televisión nos crea, hay estudiantes universitarios muy bien preparados (todos hablaban en inglés como si de su lengua materna se tratase), hay sencillez y humildad y sobre todo ganas de avanzar.
Atentos a los dicursos finales de los grupos
Bien es cierto, que la tensión entre países como Palestina e Israel se percibía en algunos instantes pero nunca nos hicieron participes de una discusión ni de una lucha de ideologías.
Al convivir con ellos durante 10 días nos enseñaron el significado de la palabra RESPETO. Aún recuerdo como una de los chicos de Palestina me decía confidencialmente la siguiente frase: “ Respeto y sonrío a todos pero en el fondo de mi corazón los odio”. Este chico había perdido a su tío en manos de los israelitas. Sin embargo, durante el campamento mantuvo las formas y participó en las actividades sin pensar en que su compañero era de un país o de otro.
En el ágora tras la cena internacional
Este es solamente un claro ejemplo de cómo a pesar de una historia y un presente difícil podemos convivir y luchar por un futuro mejor. En Grecia simplemente eran un grupo de jóvenes estudiantes con ganas de cambiar la realidad, con ansias de olvidar lo que ocurre en sus países.
Por otra parte están los chicos de Túnez, un tanto atados a la religión pero con ganas de resurgir y avanzar. Entre ellos conocí a una de la personas más interesantes de la experiencia, su coordinador. Gran impulsor de la Revolución y de la Primavera árabe en su país. Siempre con una sonrisa en la cara, trataba de inculcar a sus estudiantes y al resto del campamento la importancia de olvidar los prejuicios que la religión o el fanatismo puedan producir.

En cuanto a los estudiantes de Turquía, no encontré ningún indicio de religión que influyera en su personalidad. No obstante, eran los más retraídos a lo hora de establecer relaciones con los demás. No lo justifico por motivos de conflictos ni de ideologías, simplemente creo que el grupo ya se conocía y vivió la experiencia de otra forma.
 
En último lugar, nuestro pequeño grupo español de cuatro integrantes. Encabezados por nuestro maravilloso coordinador. Siempre pendiente de nosotros y representando a nuestro país de la mejor manera. Los españoles éramos en gran parte ese punto de unión entre los participantes. Organizando actividades en el tiempo libre y logrando la relación entre todos con nuestra alegría y nuestras canciones.
Más allá de mi visión de las relaciones entre los diferentes países participantes, cabe destacar el gran trabajo por parte de la Universidad de Tesalónica. En estos 10 días nos hicieron olvidar las banderas, las fronteras; en estos 10 días nos hicieron ver que somos habitantes del mundo y que el lenguaje más importante es el de corazón.
Todos los participantes en el ágora
Para ir concluyendo me gustaría hacer un breve resumen de las actividades y de la estancia en general.
En primer lugar, el lugar elegido para el desarrollo del proyecto ya era paradisiaco. La belleza inmensa de sus playas naturales y sus puestas de sol suple con creces cualquier mínima carencia que hubiese.
Los workshops eran realmente interesantes, concretamente el mío “fine arts”. Impartido por un profesor de la Universidad de Tesalónica que me hizo sentir como uno de los seguidores de cualquier filósofo griego en la Época. Era apasionante sentarse en el anfiteatro a escuchar su visión del amor y el dolor, a través de la mitología y del teatro griego.
Otra interesante opción eran las clases de griego, me parecía una oportunidad única que nos permitieran conocer una parte de su lengua y su rica cultura.
Expedición en Thessaloniki
Además, están los “team building”, dónde nos proponían actividades de lo más divertido. Cuyo fin era la relación entre todos los miembros participantes de manera divertida. Cada actividad tenía la intención de unirnos y trabajar en cooperación. Uniendo nuestras manos, evitando que el compañero cayera al suelo, ideando la manera de conseguir juntos llegar los primeros, etc.
Por último, debo mencionar las estupendas excursiones y las noches que María y Elisabeth (coordinadoras de la Universidad de Tesalónica) organizaron para nosotros.

Nos llevaron a visitar la ciudad de Tesalónica y su histórico museo; tuvimos la gran suerte de visitar las tumbas y las excavaciones arqueológicas de Vergina; así como un fabuloso crucero al Monte Athos. Además, tuvimos una noche de bienvenida; una cena intercultural con actuaciones típicas y una fiesta de despedida con exposiciones de lo trabajado en cada “workshop”.
Juani Bernal en la playa de Halkidiki

En definitiva una experiencia única de ensueño que nunca olvidaré, de la que me llevo grandes amigos y una gran conclusión: por muy distintos que parezcamos los habitantes del Mare Nostrum somos muy parecidos en nuestra forma de pensar y de disfrutar la vida.

Un verano mediterráneo, by Pablo Suárez

Parte del grupo español junto con estudiantes de Israel, Palestina y Túnez
Todo comenzó de forma un tanto precipitada: el CMN había sido invitado a participar en el “1st Middle East Friendship Camp” (Primer Campo de Amistad de Medio Oriente”), una actividad organizada por la universidad de Tesalónica, en Grecia, y yo tuve la suerte de leer el email en el que se anunciaba la selección de estudiantes. La información acerca del proyecto aún era escasa, pero lo que pude leer me llamó enormemente la atención: un campo de trabajo en la Calcídica, una de las zonas más bellas de Grecia, con estudiantes de todo el Mediterráneo, en el que se realizarían talleres en diferentes áreas durante 10 días, a la vez que se realizaban actividades culturales, excursiones...me decidí a realizar la solicitud, y unos días después me comunicaron que había resultado elegido!
Tras algunas reuniones, algo más de información (la actividad se realizaría en un campamento situado en la costa de Grecia, en maravillosas playas y durmiendo en tiendas de campaña...cada vez pintaba mejor!) y conocer a mis compañeros de viaje, la fecha de partida se nos echaba encima, y el 9 de Agosto partimos hacia Tesalónica, con escala en Londres, los 4 integrantes de la “expedición” del CMN: Ana y Juani, estudiantes de Historia del Arte y Traducción e Interpretación respectivamente, Pablo Muñiz, el responsable del grupo (pero un compañero más a la postre), y yo mismo.

Una vez llegamos al aeropuerto, nos dirigimos al autobús que nos conduciría al campamente, mientras íbamos conociendo a los estudiantes que llegaban desde diferentes países: Palestina, Israel, Túnez, Turquía...
Entre sueños en el autobús y preciosos paisajes que pasaban al otro lado de las ventanillas, llegamos finalmente al camping de Posidi (la localidad toma el nombre de un antiguo templo al dios Poseidón que se encuentra cerca de la misma) y montamos la tienda como buenamente pudimos. Ya era media tarde y nos dirigíamos a la presentación oficial del campo, en el anfiteatro, pero en ese momento el dios de las aguas nos dio su bienvenida particular: el tiempo a partir del siguiente día sería magnífico hasta el final del campamento, pero durante esa tarde comenzó a caer chaparrón que duró toda la noche y hasta obligó a “evacuar” la mayoría de las tiendas de los acampados!

El segundo día del campamento, tras conocernos algo mejor por la mañana, los estudiantes comenzamos los diferentes talleres que habíamos elegido: arqueología, teatro, medio ambiente, ciencias políticas...Pablo y yo participamos en este último, que se dedicó principalmente a una discusión sobre la crisis económica y la situación política mundial, y estaba a cargo de un profesor de la Universidad de Tesalónica. La parte más interesante para mí fue poder hablar con gente de países tan diversos sobre cómo veían ellos la situación actual, a la vez que aprendíamos los principios de la economía global, en charlas siempre amenas, si bien en ocasiones algo prefijadas en sus conclusiones y valoraciones finales.
Ana y Juani montando las tiendas, sin imaginar el chaparrón que se les venía encima
Localización del campamento de Posidi, en la Calcídica griega
Tras las horas de taller, el día a día se completaba con unas divertidas clases introductorias de griego moderno, alguna actividad de “team building” (como por ejemplo ordenar alfabéticamente a 40 personas subidas en 4 estrechos bancos, sin tocar el suelo en ningún momento, o formar pirámides humanas en la playas!) y buenas dosis de tiempo libre, dedicado principalmente a disfrutar de las playas del camping y del buen ambiente que allí se respiraba, compartiendo un paseo hasta el faro o jugando un partido de fútbol entre los acampados. Una sorpresa que me llevé aquí: varios de ellos conocían el nombre de Murcia...¡por el equipo de fútbol, que había jugado en primera hace un par de temporadas! Eran unos auténticos forofos de la liga española.

Pero no había un solo momento para aburrirse: además de las actividades específicas del campo de trabajo, en el camping se podía ir al cine al aire libre, o disfrutar de noches de astronomía, conciertos ¡o incluso clases de tango argentino! En todas estas actividades además tuve la suerte de conocer a varios campistas con los que compartí ratos muy divertidos. En el camping también comíamos, disfrutando de los platos típicos griegos: queso feta (¡nada que ver con el de aquí!), taztziki, pastitsio...

En todo momento, la organización se portó maravillosamente, haciendo gala de la hospitalidad griega, que por propia experiencia puedo decir que es una de las cosas que más te hacen desear volver a esas tierras una vez las has visitado.
Entre otras cosas, no pusieron ningún reparo a que a mediados del campamento cambiase el taller de ciencias políticas por el de arqueología: a pesar del buen rato que suponía el primero, cuando llegamos al campamento nos enteramos de que los participantes en este segundo taller pasarían los tres últimos días participando en la excavación arqueológica de Aigai, la capital del antiguo reino de Macedonia, un sueño hecho realidad para un aficionado a la historia, especialmente la historia de Grecia antigua, como soy yo.
Así que la parte final de esos 10 días la pasé entre madrugones, jornadas de excavación, seminarios de arqueología y largas noches en el pub del pueblo, disfrutando enormemente con la oportunidad que se me había presentado.
Excavación arqueológica de Aigai
El último día me dispuse a volver a Posidi para asistir a la celebración de despedida del campo, a la que llegué algo tarde por causa de un autobús que se me escapó en el último momento. Pero tras una larga caminata desde el pueblo más cercano, por fin pude disfrutar de la última noche con mis amigos, tras la que todos nos levantamos muy temprano para ir al aeropuerto de Tesalónica y partir cada uno a su respectivo destino.
Llegaba el momento de las despedidas y el intercambio de direcciones de correo, o más bien de cuentas de redes sociales, aunque como estaba planeado, yo permanecería en Tesalónica unos días más, con unos amigos griegos que había conocido previamente en otro intercambio juvenil.

En el recuerdo quedan ahora muy buenos ratos y nuevas amistades, conocimiento de nuevos lugares y culturas, y sobre todo el descubrimiento de la gran mayoría que son las similitudes entre las gentes de todas las orillas del Mediterráneo, frente a las pocas diferencias que a veces nos separan mucho más de lo que deberían.

Pablo Suárez Cortés

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